Convengamos en algo: Levantarse por las mañanas es un castigo divino, viajar al trabajo en colectivo en Capital Federal (o Ciudad Autónoma de Bs. As.) una maldición gitana, pero aún así uno trata de poner su mejor voluntad y saludar al colectivero con un “Buen día”. Lamentablemente, el muy ruin no es capaz de contestar y te increpa para que le indiques el valor del boleto, eso sí, después andan quejándose por ahí de que los pasajeros no los saludan.
Que se vayan a freír rábanos, les niego el saludo de aquí a la eternidad, yo también tengo malos días, pero se responder la cortesía de un saludo.
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