Es de público conocimiento que viajar en los colectivos de la Ciudad de Bs. As. y el Conurbano es un castigo divino, pero hay cosas que hacen que el tormento sea llevadero. Hasta que aparece el equeco…
Cuando lo ves, generalmente representado por mujeres a las que una cartera y una bolsita no le bastan, sabés que ya nada será lo mismo. Que esa personita que apenas puede cargar con todo su equipaje, nos castigará a su paso con todos los petates que porta.
Depende donde se suba puede cambiar su armamento: por ejemplo, si lo hace por el Once, seguramente llevará bolsas tipo de consorcio llenas de vaya a saber uno qué mercadería que probablemente ocupen el espacio de un niño de unos 5 años. Si aparece por las mañanas, será una mujer que va a la oficina y tiene muchas actividades en el día, por lo cual lleva una cartera, una mochila para el gimnasio, una bolsa con la vianda para el almuerzo y una carpeta en la otra mano. Y si el transporte va para Retiro, nos hostigará con sus bolsos y valijas.
Lo irónico es que con esa artillería pretenden viajar en un colectivo o subte en horario pico y tener espacio para él/ella y sus mil ramificaciones. Por eso no dudan en abrirse paso a los empujones hasta el final del pasillo usurpando lugares que no le corresponden, y cuando uno pretenda frenarlos harán oídos sordos a las palabras y nos contestarán con las peores blasfemias.
No hay forma de contenerlos ni de erradicarlos, por eso siempre habrá un equeco en nuestro transporte público, que a los empujones hará de nuestro viaje una pesadilla.